Era el verano del 2005 y mi familia y yo fuimos de vacaciones a Galicia. Estábamos pasando unos días en Samos, en casa de mi amiga Pili y un día apareció una amiga de ella. Nos explicó que era comercial de Thermomix y que necesitaba hacer demostraciones para practicar. Mi amiga le dice que no porque no tiene intención de comprarlo y ella como buena comercial, le dice que da igual que en este momento lo que necesita es practicar. Así que nos pasa una lista de ingredientes para tener preparado y quedamos para dos días después.
Llegó el día y recuerdo que hicimos una salsa de tomate, una empanada de atún y un postre... ¿Qué pasó después? Pues que me enamoro del Thermomix y ese mismo día lo compro. A los dos días me lo trae (ya que yo terminaba mis vacaciones) y me lo llevo en el coche camino de Barcelona. Hay que decir que surgió un pequeño problema: el del espacio. En mi familia éramos tres niños y dos adultos y el Themomix ocupaba un buen espacio… ¡Así que las maletas de ropa de mis hijos llegaron a Barcelona por Seur!
Una vez en casa me gustó tanto mi Thermomix, ¡que no paro de hacer comiditas para mis niños y para todos! Recuerdo mi primer plato en casa: lasaña a la boloñesa. Brutal. También recuerdo hacer croquetas, cremas de verdura, incluso me atreví a hacer postres, cosa que no era nada aficionada. Otra de las cosas que me encantó fue la bechamel y la brandada de bacalao.
No me he acordado de deciros que mi primer Thermomix fue el TM31 y que después al cabo de los años, conocí a quien es mi jefa y buena amiga Mónica. Ella me animo a ganarme mi TM5 y convertirme así en comercial… Actualmente tengo mi Ferrari, mi TM6 y cada día me gusta más Thermomix. En realidad, ha pasado de ser mi pinche a ser mi inseparable de cocina.